Cuadro de texto: “Y MARIA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN” (Lc. II, 19-51)


DATOS HISTORICOS

La Virgen en Fátima y Pontevedra vino a impulsar esta devoción, ya muy antigua en la Iglesia, y cuyos fundamentos se encuentran en el Evangelio al decir San Lucas por dos veces (cap. 2, ver. 19 y 51) que María conservaba los hechos evangélicos en su Corazón; el cual también aparece en el Magníficat, en las bodas de Caná, en el Calvario...

Pero es en el s. XVI cuando Ricardo de San Lorenzo estudia detenidamente, el Corazón de María: manantial y origen de nuestra salvación; el más digno de recibir al Hijo de Dios; que tuvo en sí las llagas de Jesús en su cuerpo. En el mismo siglo Sta. Matilde cuenta (De la gracia especial) que el mismo Jesús le enseñó a honrar el Corazón de María, el mejor entre todos. Sta. Gertrudis (El Heraldo del divino amor) entendió en una revelación que María era la persona más poderosa después del Padre, la más sabía después del Hijo y la más benigna después del Espíritu Santo.

En el s. XIV Sta. Brígida de Suecia le atribuye haber atraído con su amor al Hijo de Dios a encarnarse. Oye a Jesús “El Corazón de mi Madre era como mi Corazón, por eso mi Madre y Yo hemos obrado la salvación del mundo como un sólo Corazón. Yo en los sufrimientos de mi Cuerpo. Ella con su Corazón”. Escucha también a la Stma. Virgen “Mi Hijo y Yo nos hemos amado tanto que éramos un solo Corazón: su dolor fue mí dolor”.

En el s. XV exaltan también el Corazón de María entre otros S. Bernardino de Siena y S. Lorenzo Justiniano; en el s. XVI S. Pedro Canisio, S. Francisco de Sales... su divulgación y entrada en la liturgia tuvo lugar en el s. XVII con la figura gigante de San Juan Eudes, “padre, doctor y apóstol” de esta devoción en frase de S. Pío X, sobre todo en su obra El Corazón Admirable de la Sacratísima Madre de Dios. Y en 1643 inició su fiesta litúrgica: aprobada por el obispo de Autun en 1648; que fue extendiéndose hasta que Pío IX en 1855 aprobó su Misa oficios propios, que Pío XII extendió en 1944 a toda la iglesia, para celebrarlo el 22 de agosto. San Juan Eudes insiste en honrar el Corazón de María: honramos sobre todo la singular grandeza moral de su persona, sintetizada en su amor. Desde entonces muchos institutos religiosos se han titulado “del Corazón de María”.

La devoción al Corazón de María sigue una trayectoria análoga a la devoción al Corazón de Jesús. En el Corazón de Jesús adoramos la persona de Cristo-Dios (y de alguna manera toda la Stma. Trinidad) fin último nuestro; y en el Corazón de María honramos la persona de María: intercesora y medianera ante Dios. Ambos corazones sintetizan en el amor sus personalidades como raíz de todos sus actos. Por eso Pío XII recomienda ("Haurieticus acquas”): “Para que obtengan frutos más abundantes del culto al Corazón de Jesús, procuren los fieles unirlo estrechamente con el culto al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios. Nuestra salvación se realizó por el amor y los padecimientos de Jesucristo asociados íntimamente al amor y a los dolores de su Madre; por ello es de todo punto conveniente que el pueblo cristiano al homenaje debido al Corazón de Jesús, añada el de amor filial, gratitud y reparación al Corazón amantísimo de nuestra Madre del cielo. El principio de unión de ambos cultos es fundamental y no debe olvidarse nunca. Por eso en mayo del 36 Lucía oye del Señor: “Quiero poner al lado de la devoción de mi Corazón, la devoción al Corazón de María”. Es decir: ni aquel sin éste, ni menos éste sin aquel.



CRUZADA CORDIMARIANA